por Abby19 el 12 Feb 2010 18:57
Capitulo 5
Aquella noche cenaron todos juntos en el gran comedor. La gente estaba muy animada y enseguida ambos aquelarres empezaron a hablar entre ellos. Todos salvo una persona. Ariadna se mantenía callada, como siempre, observando todo lo que ocurría a su alrededor sin perderse detalle. Tenía vigilado al de pelo panocha pero se dio cuenta que era alguien inofensivo. No creía que fuera a pasar nada malo si intentaba ligar con unas cuantas chicas. Además, estaban encantadas con sus atenciones ya que estaban cansadas ver a siempre a la misma gente día tras día.
-Come algo Ariadna, te esta enfriando la comida en el plato – le aconsejo Carl - ¿Qué te mantiene tan alerta?
Ariadna levanto una ceja irónica. Carl sonrió.
-No te preocupes, parecen buena gente. No va a pasar nada malo. Además ahora somos más para terminar con aquellas bestias y averiguar de donde proceden – le dijo el hombre – Tu padre estaría orgulloso de ti, Ariadna.
Ella hizo una mueca de fastidio. Sabía que su padre estaría orgulloso de ella. Estaba llevando acabo lo que ella fastidio tantos años atrás, una unión con uno de los aquelarres más fuertes en batallas de los conocidos por ahora. Y también uno de los interesados, igual que su aquelarre, de descubrir de donde salían aquellas criaturas. Pues bien sabían todos que si querían terminar con ellos de una puñetera vez era exterminándolos de raíz. Dejo el plato a medio comer y salió de la sala sin decir palabra. La gente del aquelarre de la mansión no lo noto extraño, era una actitud muy normal en ella. Pero los demás se quedaron un poco sorprendidos.
Al igual que Rubén. Esperaba poder intercambiar unas cuantas palabras con ella antes de que finalizara el día, aunque fueran pullas del uno para el otro. Sonrió al recordar como se había puesto rabiosa al llamarla egoísta y fría. Pues bien lo era, pero otra cosa es que ella quisiera que la llamaran así.
Continuo cambiando comentarios con la demás gente. Conociendo y dejándose conocer. La verdad es que esa gente le cayo bastante bien. Eran gente normal y corriente, como ellos, intentando sobrevivir en el mundo que les había tocado. Observo a Isaías que miraba de reojo a la muchacha loca de la habitación. Tenía que reconocer que su amigo tenía buen gusto. La muchacha era morena y tenía el pelo largo hasta los hombros, vestía ajustada pero cómoda, dejando notar sus curvas además de unos pechos bastante pronunciados. Sus labios color cereza parecía suaves y eran bastante insinuantes. Tenía los ojos oscuros, al igual que su cabello, y la pie era como el marfil. Aunque acordándose de sus griteríos, no dejaba de sorprenderse que pareciendo una muñeca que podía romperse pudiese gritar como mil demonios juntos.
También se fijo en su otro amigo, Nestor. Era completamente diferente a Isaías. Era callada y reservado, no se dejaba llevar por sus emociones pero cuando las hacía notar te dejabas llevar. No era un hombre que no hablara sin razón. Si hablaba lo hacía con motivo. Podía parecer algo frío pero en realidad tenía un gran corazón. Ayudaba a todos sin pedir nada a cambio y siempre estaba allí cuando se necesita, aunque este en silencio, aunque no dijera nada. Y aun con su silencio se apreciaba su presencia, pues la gente sabía que no estaba sola. Además él por abultar no abultaba mucho. Era de constitución pequeña comparado con los demás hombres pero era una maquina con la espada. Ben pensó que le gustaría ver una lucha entre Ariadna y Nestor. Seguro que la pequeña jefecilla no tenía nada que hacer. Nestor era bajito y llevaba el pelo largo y negro como el azabache. Solo destacaba por sus ojos azules que eran tan claros como oscuro su cabello.
La sala se fue vaciando y cada uno se fue yendo a sus respectivas habitaciones. Mañana sería un día largo. Pues según creía recordar, le esperaba una reunión con la pequeña jefecilla y sus consejeros. ¡Consejeros! Pero si eso era de la época medieval. En su aquelarre no necesitaban de eso. Todo se hablaba entre todos y solo se actuaba o se decidía bajo una mayoría absoluta. Así, hasta los más pequeños, podían opinar.
Cansado ya de tan largo día Rubén se fue a dormir a sus aposentos. Al menos tenía el privilegio de un cuarto para él solo. Entro en su cuarto y dejo su arco y sus flechas encima de una mesa. Se asomó al pequeño balcón siempre alerta. La noche era fresca y las estrellas se dejaban ver esplendorosas. Su habitación daba al mismísimo bosque y al estar en la segunda planta el paisaje era precioso. Acomodo su brazos sobre la barandilla y se relajo por un instante.
Ariadna también estaba en su habitación. Estaba repasando mentalmente todo lo que tenía que hacer al día siguiente. Para empezar, a primera hora de la mañana, tenía una reunión con el consejo y con demás gente del aquelarre de la costa. No le apetecía tener que lidiar contra aquel creído pero no tenía otro remedio. Por supuesto, tenía bien claro, que no se iba a dejar avasallar por él. Este era su territorio, su zona y las personas que habitaban era su gente. Iba dar todos por ellos.
Por la tarde saldría de caza junto a su hermana, los hermanos Dark, Serena y algún integrante del aquelarre de la costa. Era una buena oportunidad de ver de que madera estaban hechos y ver si eran compatibles a lo referente a la batalla.
Desenvainó su espada y se acerco a su balcón, sentándose en un pequeño sofá que había puesto allí. Cada noche se relajaba un poco allí sentada. Mirando a la oscura noche, sin dejar de estar alerta. Las estrellas se reflejaban en su espada. Aquella noche estaban más que preciosas.
Cayo en desgracia cuando se dio cuenta que algo más se reflejaba en su espada. ¿Por qué tenía que ser él el que estuviera en la habitación de arriba? Es más, ¿por qué tenía que estar al igual que ella asomado en su balcón? Rubén se dio cuenta de su vecina y sonrió.
-Hola pequeña, bonita noche –dijo.
-Lo era, hasta que te vi – dijo fastidiada.
-Venga, no te comportes así conmigo. Nos tenemos que llevar bien.
Él se dio cuenta que los ojos de la pequeña jefecilla brillaban más en la oscuridad.
Ella, aun fastidiada por tener que reconocerlo mentalmente, se dio cuenta que era bastante atractivo. Lastima que fuera así de carácter.
-¿Y por qué me tendría que llevar bien con alguien como tu?
-¿Y por qué no? – dijo Rubén – Ambos somos los jefes, si para empezar no nos llevamos bien nosotros, ¿qué ejemplo les estaríamos dando a nuestra gente?
-Que te quede claro una cosita – empezó a decir Ariadna levantando un poco su espada amenazadora – Solo hablare contigo por lo estrictamente profesional y nada más. Si te metes en mi camino lo lamentaras.
-Eso son dos cosas –apuntó él divertido viendo como la rabiaba.
-Pues metete esas dos cosas por donde te quepan y si te duele mucho más que mejor – y acto seguido se metió dentro de su cuarto cerrando la ventana con brusquedad.
Rubén se quedo un rato más. Impaciente porque llegara pronto el nuevo día para volver a fastidiar a la jefecilla.
En el lado opuesto de la mansión otras dos personas intentaban convivir. Serena no paraba de quejarse de tener que soportar a Isaías en su misma habitación, porque una cosa estaba clara, esa habitación era Suya.
-Vamos nena, deja de poner esa cara de pocos amigos. No te sienta bien con lo bella que eres – le dijo Isaías.
-Estas haciendo que me arrepienta de haber aceptado compartir cuarto contigo, así que mejor que te quedes calladito y no me molestes ¡Y no me llames nena! – dijo y se dio media vuelta en su cama mientras se tapaba hasta la barbilla con las sabanas.
-Va mujer, no te pongas así. De verdad que no soy como te imaginas – anda que no, pensó para sus adentros – Nena, ¿por qué no intentamos llevarnos bien?
-Por qué no me interesa llevarme bien contigo – le contesto ella – Ahora cállate, quiero dormir.
Isaías se recostó en su cama con los brazos cruzados tras su espalda mirando al techo. Desde luego que no iba callarse. Él todavía no tenía sueño.
-¿Soñaras conmigo? – le preguntó el divertido.
Escuchó como Serena soltaba un suspiró por intentar mantener la calma. Ella quería demostrar a su jefa que sabía cumplir su palabra. Y lo haría, aunque tuviese que volverse loca de remate por tener tanta paciencia con un engendro como él.
-Si soñara contigo no sería más que una pesadilla.
Aunque, para sus adentros, tuvo que reconocer que el pelirrojo no estaba del todo mal. Se le veía fuerte y los músculos se le marcaban en su camisa ajustada. Tenía una sonrisa torcida que hacía, que por un segundo, algo se disparase dentro de ella. Pero no le gustaba como la miraba. Parecía que la estuviera desvistiendo y eso le hacía sentir realmente incomoda. Sobretodo por el hecho que ella aun sentía que era de Sack. Aunque él ya no estuviese aquí, ella lo amaba.
-Pues que sepas que yo si soñare contigo – dijo Isaías mientras cerraba los ojos – Y te aseguro que en mi sueños te haré pasar de todo menos frío nena.
-Por eso se le llama soñar, imbecil. Por qué al fin y al cabo la realidad es totalmente opuesta.
-Nena, eso esta por verse.
-Tu sigue soñando y déjame tranquila. Cuando te caigas de la cama y te despiertes me reiré de lo estúpido que eres.
-En el fondo sabes que te gusta que vaya a soñar contigo, nena – dijo él aguantando una carcajada.
-Te equivocas. Y como vuelvas a llamarme nena una sola vez más te aseguro que convertiré tu realidad en la peor de las pesadillas. Ninguna bestia de las de allí fuera sería tan cruel como lo voy a ser yo contigo – dijo ella con rabia.
-Mmmm... – Isaías se lo estaba pasando en grande – Así que además de hermosa eres traviesa. Te aseguro, Nena, que cuando te des cuenta de que estas loca por mi, te demostrare cuan traviesos podemos ser los dos.
-Arrrggg... Me sacas de quicio – y acto seguido se tapo la cabeza con la almohada escuchando el sonido de la carcajada del pelo panocha de fondo, luego sonrío. Quería volverla loca, ¿no? pensó. Pues ya veremos quién vuelve loco a quien.
En otra parte de la mansión Evelyn paseaba por uno de los pasillos. No podía dormir. Después de la cena había discutido con John. No entendía porque ella tenía que atender a toda la gente del aquelarre de la costa si la jefa era su hermana. Eve le había explicado que su hermana ya tenía suficientes cargas sobre su espalda y que ella quería ayudarla. Pero la discusión se descontroló y terminó por decirle que ya no quería casarse con él. Que si no quería entenderla era problema suyo, ella no iba a cambiar su carácter para que él estuviese tranquilo. No pensaba ser una imbecil que hace todo lo que su hombre le diga. Su padre no las había criado así. Y aunque le doliese no le iba a dar el gusto a John. Lo quería pero ella tenía un limite.
Tampoco era la primera vez que discutían por algo así. Y aunque se alegro mucho de que John la pidiera en matrimonio no dudo ni por un segundo que lo hacía más que nada pero el mero hecho de tenerla controlada. ¡Joder! Ella no era su caballo. No la podía dirigir con unos arneses, ni pararla los pies porque él no quisiese que ella avanzada.
-¡Pues que se joda! – dijo en voz alta sin darse cuenta que había alguien más en la sala de la entrada, a la cual recién había llegado.
Nestor no esperaba que alguien estuviese despierto a esas horas. Desde siempre le había gustado dar un paseo por donde fuera antes de acostarse. Y en aquel lugar no iba a ser diferente. Se fijo en la muchacha rubia. Se la notaba enfadada, muy enfadada. Desentonaba con su belleza. Parecía frágil y pura..., pensó.
-Joder, no sabía que había alguien aquí – dijo Eve cuando se dio cuenta de que había alguien más – Soy Evelyn, la hermana de Ariadna.
-Nestor – le contestó él.
Él estaba sentado en las escaleras que daban al piso superior así que sin pensárselo dos veces Eve se sentó a su lado.
-Espero que estés a gusto aquí, si necesitas algo solo tienes que decírmelo – le dijo ella amablemente, luego bajo el tono de voz – Aunque te advierto que la puñetera gente de aquí es un poco aburrida.
Nestor hizo una mueca parecida a una sonrisa. Ella se sintió algo ofendida. Estaba intentando ser amable y él ni era capaz de sonreírle amablemente.
-A estas horas se esta muy bien por aquí. Parece que no haya nadie más que nosotros – dijo ella mientras se apoyaba sobre sus codos en al escalera anterior a la que estaba sentada.
-Me gusta que sea así – dijo él con voz suave.
Eve se lo quedando mirando unos segundos. Era apuesto, jodidamente apuesto. Y esa mirada sería que tenía... Seguro que había mojado más de una braga, pensó. El pelo largo le sentaba realmente bien, pensó que le daba un aire misterioso. Y ella, curiosa como era, quería saber. Dentro de si pensó que él escondía algo. No parecía mala persona, pues le estuvo observando cuando repartía habitaciones y él estaba todo el rato ayudando a la demás gente.
Mientras Evelyn estaba metida en sus pensamientos de repente el muchacho se levanto. La miro un segundo y se fue de allí sin mediar palabra. Dejando a Eve totalmente descolocada y muy curiosa.
______________________________________________________________________________________________
Muchas gracias por todos los comentarios n__n os quiero chicas *3*
...Amar significa preocuparte más x la felicidad d la otra persona q x la tuya propia...
...Sin importar las decisiones dolorosas q tengas que asumir para lograrlo...
**0o.o0o.o0o.La Reina de la Intriga.o0o.o0o.o0**
By Imep