Untitled

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Re: Untitled

Notapor yuukie el 19 Ene 2010 17:47

me encanta!!!! :blush2:
diosss q bonito el capi! me e emocionado! ultimamente me aces mucho eso!
bueno sube ornto uapisima!
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Notapor rin el 19 Ene 2010 21:21

k emocion>.<

K bonito cap kon al triste historia de ben :cry:

Espero el proximo cap kon impaciencia^^

Bye!!
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Re: Untitled

Notapor Imep el 20 Ene 2010 15:16

juuuuu pober Bennn :cry:
ai dios mioo ya veoproblemas en el orizonteee :risa:
besoss
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Re: Untitled

Notapor marina012 el 22 Ene 2010 02:39

Yo Veoo Romanceee *_* ! xD!
Me gusta mucho por el camino que esta tomando la historiiiaaa!
Espero el proxxx capiii!
Cuando puedasss! =D
:bye: Besooss!
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Re: Untitled

Notapor Roxas el 22 Ene 2010 17:09

Genial! ^^
Pobre Ben, ver morir asi a su hermana, muy triste.
En eso se parese en cierta forma a Ariadna.

Cuando puedas pon lo siguiente, te esta quedando de maravilla, me encanta. ^^

Besos.
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Re: Untitled

Notapor Abby19 el 09 Feb 2010 02:26

Capitulo 4

Ariadna estaba en el cuarto de su hermana mientras ella buscaba en el baúl. Sonrío contenta al ver la alegría de Evelyn. Estaba buscando el vestido de boda de su madre.

- ¡Aquí esta! – dijo Evelyn entusiasmada - ¿No es jodidamente precioso? – añadió mientras se lo ponía frente a ella mirándose al espejo.

-Sí, yo también lo creo, seguro que te quedará precioso.

-¡Joder, yo también lo creo! – Evelyn daba vueltas con el vestido pero de pronto se paró, miro a su hermana con ternura y le dijo – Y tu también lo llevaras algún día.

Ariadna, que estaba sentada en la cama del dormitorio de su hermana, se levanto y se acerco a la ventana.

-No, yo no creo eso – puso la mano derecha en el cristal mirando como el sol ya se escondía – Ese tipo de cosas..., no son para mi.

-Eso son gilipolleces Ari – Eve dejo el vestido sobre la cama y se dirigió hacia su hermana – No entiendo porque dices esas cosas. Que no hayas encontrado a alguien no quiere decir que no vayas a poder vivir y sentir lo que yo.

-No, te equivocas Eve – su mirada seguía perdida en el paisaje – Yo no lo quiero, no lo necesito.

Alguien pico a la puerta. Las hermanas se quedaron mirando sin contestar. No esperaba que nadie las molestase. Todo el mundo sabía que cuando ambas estaban juntas y a solas en alguna habitación estaba prohibido interrumpir. Hasta para John, el prometido de Evelyn. Carl entro y se disculpo con la mirada a las muchachas.

-Lo siento. Ariadna, ya ha llegado la gente del aquelarre de la costa – dijo mordiéndose el labio inferior pensado lo que eso conllevaría.

-¿Qué ya han llegado? – Ariadna se separo de la ventana con un movimiento brusco – Les dije explícitamente en la carta que avisaran antes para poder alojarlos lo mejor posible – de inmediato pensó en aquel muchacho borde y prepotente y se imagino que él seria el culpable.

Salió de la habitación como alma que lleva el diablo pero antes de llegar al salón de la entrada bajo el ritmo de su caminata. Estaba sorprendida, aunque no lo mostrara en su rostro, habían como unas cincuenta personas allí reunidas en pequeños grupos. Delante de todos ellos había tres hombres.

El de la derecha tenía el pelo rojizo, ojos verdes, musculoso, alto y tenia una sonrisa en su rostro que le hacía parecer infantil. El de la izquierda era un poco más bajo, su cabello era largo y negro como el azabache, aun así también parecía fuerte, no quitaba la mano de su espada amarrada a su cintura y su rostro se mantenía serio y cauto. Y el del medio...

No había ninguna duda de que era el muchacho que Ariadna conoció de pequeña. Sus cabellos seguían igual, caían lacios sobre sus hombros, eran castaños oscuros. Estaba más fuerte de cuando lo vio por primera y última vez. Estaba acompañado de su arco y de sus flechas, y ella, estaba segura, que el cuchillo de mano descansaba en su cinturón, pero no lo vio porque el hombre, al cual ya no le podía nombrar como muchacho, llevaba puesta una capa negra que le llegaba hasta más debajo de las rodillas. En su rostro ya no había ninguna señal de la infantez, sus ojos oscuros observaban el lugar esperando a la anfitriona.

Ariadna se hizo ver.

-Bienvenidos a todos – dijo con la mayor alegría que pudo mostrar, por dentro ardía de rabia porque no hicieran caso de sus peticiones – Evelyn, Carl, llevad a la gente a sus futuras habitaciones para que se instalen y puedan descansar después de tan largo viaje.

Ambos hicieron caso a la jefa y empezaron a guiar a la gente por la casa. Ariadna se acerco a lo tres hombres y le tendió la mano a Ben.

-Bienvenidos a nuestro hogar – la mano era grande y fuerte.

-Gracias por recibirnos – dijo el de cabellos negros y bajito – Si me disculpa señorita tengo que atender unos asuntos.

Y siguió el camino que habían seguido sus demás camaradas para conocer cual serían sus habitaciones. Ariadna fijo su mirada en el hombre de cabellos castaños. Ben mantuvo la mirada firme, dándose perfectamente cuenta que por dentro, la ya no niña, ardía de rabia.

-¿Puedo hacerte una pregunta? – dijo el de cabellos rojizos – Si no te molesta claro... – en su semblante había una sonrisa picara.

-Adelante – dijo Ariadna.

-¿Cuántas jóvenes disponibles tenéis en vuestro aquelarre?

Rubén le dio un codazo a su amigo. Pensaba que se mantendría las apariencias unos días, o como mínimo en el primer encuentro con la jefa del aquelarre, peor Isaías no tenía remedio. Se dejaba llevar fácilmente por sus bajos instintos. Las mujeres bonitas le volvían loco y no perdía la oportunidad de probar de todas. Ninguno de los muchachos espero la contestación de Ariadna.

-Bastantes – el chico sonrió soñador – Pero tu mismo, como te atrevas a ponerles una mano encima te la corto, y no me refiero a la mano – dijo dejando ver su espada.

-Entonces estamos de acuerdo – dijo Isaías feliz. En ningún momento pensó que aquellas palabras iban en serio. Luego añadió – Si me disculpáis, dejo que los mandamases se entiendan entre ellos. Yo... – trago saliva al ver la mirada furtiva de la muchacha – Creo que yo voy a ver que habitación me ha tocado – y a ver al lado de que bombón le había tocado, pensó para si.

Cuando el pelirrojo desapareció Rubén y Ariadna se volvieron a mirar. Él pensó que el tiempo la había convertido en una muchacha muy hermosa y con muchas agallas. Ella que él seguía siendo el mismo creído presuntuoso de la ultima vez.

-¿Vamos a hablar aquí en medio de la entrada o vamos a ir a un sitio más privado? – pregunto Ben.

-Sígueme – dijo ella impasible.

Entraron por un pasillo de los laterales. Contrario a donde se había ido toda la muchedumbre. Ella iba delante sintiendo la mirada de él a sus espaldas. Él se dio cuenta que más que andar como una mujer andaba más a lo marimacho y extrañamente eso le pareció muy gracioso. Sin querer se imagino en otra situación con ella y tubo que hacer acopio de todo su control para parar esas ensoñaciones. ¡Por dios! Que era jefe de un aquelarre y estaba a punto de hablar con al jefa del otro. ¿Cómo se le ocurría imaginársela desnuda entre...?

-Si necesitas ir al baño esta por el pasillo de la derecha – le dijo ella.

Él se paro unos segundo para luego reanudar su marcha negando con la cabeza. ¿Cómo se podía imaginar ella que necesitaba ir al baño. ¿Acaso ponía cara de estreñido cuando se imaginaba...?

Ariadna se sentía algo incomoda. No sabía porque él la miraba de aquella forma, aunque tampoco el importaba lo más mínimo. Él podía hacer lo que le viniese en gana mientras no se metiera en su camino.

Entraron en un sala donde una gran mesa era el centro de la habitación. Habían varios asientos pero ninguno de sus ocupantes. Ariadna se sentó en uno de ellos despreocupada y le señalo con la mano a Rubén uno de ellos para que se sentara. Se saco de su bolsillo el borrador de la carta que les había enviado al aquelarre de la costa y se la mostró.

-Creía haber escrito explícitamente que mandarais una carta anticipando vuestra llegada – dijo mirándole a los ojos firmes y se dio cuenta que aquella vetas doradas seguían allí.

-Sí, pero la gente estaba ansiosa por venir cuanto antes, ¿y quien soy yo para no cumplir un deseo tan simple?

-Desde luego alguien sin cerebro y analfabeto – le contesto ella sin pensar. Cuando estaba de mal humor no llegaba a procesar bien lo que quería decir.

-Te equivocas pequeña – dijo negando con el dedo índice con humos de suficiencia – Yo solo cumplía con mi deber de jefe. No puedo privar a mi gente de sus deseos porque yo sea un egoísta y frio de sentimientos.

Ariadna sintió como se encendía de rabia pero decidió morderse el labio inferior y no darle un guantazo. Algo que bien se merecía. En cambio Rubén se lo estaba pasando genial viendo a la pequeña mujercita sulfurase.

De repente alguien les interrumpió. Ariadna giro la cabeza con brusquedad para bien quien había sido, pero se obligo a calmarse al ver que no era nadie más que su hermana. Evelyn se acerco al muchacho y le tendió la mano.

-Encantada, yo soy la hermana de Ariadna, Evelyn – analizo al muchacho intentando descubrir porque había tanta tensión en el ambiente.

-Mucho gusto, yo soy Rubén.

-Siento interrumpiros – dijo mirando a ambos – Pero... – miro a su hermana sería – Tenemos un problema con la asignación de habitación. ¡Un jodido problema!

-¿Es lo que me imagino? – dijo Ariadna levantándose de su puesto e ignorando por completo a Ben.

Evelyn asintió y salieron de la sala con pasos apresurados. Ben, curioso, las siguió por los pasillos. Estaba seguro que si ahora mismo pretendiese dar media vuelta y volver a la entrada de la mansión, se perdería. De repente, al fondo se escucharon unos griterios. Parecía una niña pequeña.

-¡No quiero! ¡No quiero compartir mi cuarto!

-Pero Serena, cuando te lo dijimos estuviste de acuerdo.

-¡Me da igual! Quiero estar sola en mi cuarto y no quiero que nadie ocupe esa cama. No le pertenece...

Cuando los tres giraron y entraron en la habitación de donde procedían los griteríos Ben se sorprendió al ver que no era una niña quien gritaba sino una muchacha de más o menos la edad de Ariadna que, con brazos cruzados sobre el pecho, se negaba a compartir su cuarto.

-¡Serena, basta! – grito Ariadna.

La tal Serena la miró desafiante. ¡Ya tenía que haber venido ella! Le hecho una mirada furtiva a Eve por chivata y volvió la cara para no mirarlas.

-Me da igual lo que me digas – eso iba para Ari – No pienso compartir habitación ese engendro – dijo señalando al muchacho de cabellos rojizos.

Rubén se hecho a reír a carcajada limpia. Unos minutos en aquella casa y su amigo ya había sacado de sus casillas a alguna chica. ¡De verdad que no tenía remedio! Pero algo en la mirada que le hecho Ariadna le hizo para en seco su carcajeo.

Ariadna miró al listillo de antes y puso su mano en el mango de la espada. El muchacho le sonrió con inocencia, alegando así que él no tenía culpa de nada de lo que estaba sucediendo. Y Ariadna lo sabía. Él no tenía la culpa. Serena era así desde hace poco tiempo. Su chico había muerto en batalla y se negaba en redondo que alguien compartiera habitación con ella manchando así el poco recuerdo que le quedaba de su amado.

-Serena, por favor... – insistió Carl.

-No, no y no – dijo ella cabezona como la que más.

-Pero no te preocupes nena, si nos llevaremos bien – dijo Isaías – Mira - dijo cogiendo sus cosas y poniéndolas en un rincón apartado de la vista – Cuando yo no este aquí para dormir ni te darás cuenta de que existo – hasta que yo le ponga remedio, pensó y una sonrisa traviesa se dibujo en sus labios haciendo que Ariadna volviera a dudar de si cumplir su amenaza o no.

-Mira – le dijo Serena, cogió sus cosas y haciendo a un lado a los presentes allí las hecho fuera de su cuarto – Así si que no notare ni que existes – y sonrió satisfecha.

Ariadna cogió las cosas y las metió dentro del cuarto. Luego se volteó y se puso enfrente de Serena haciendo con un gesto de cabeza para que los demás salieran. Puso las manos en los hombros de Serena y la insistió para que la mirara a la cara.

Puede que no mostrara sus sentimientos muy a menudo, pero sabía que era seguir adelante después de una perdido y también sabía que cada uno lo superaba a su manera así que hizo acopio de todos sus buenos modales.

-Serena, por favor, esta unión es muy importante. Si hubiera otra manera de ubicarle no te quepa la menor duda de que tanto Eve como Carl habrían encontrado un lugar más adecuado pero si esta aquí es porque no hay otro lugar – la muchacha se mantenía callada- Mira, tu prueba, si te trae muchos problemas me lo dices a mi y ya buscare alguna solución, pero si no lo intentas no demostraras nada.

-No tengo que demostrar nada a nadie.

-Te equivocas – le dijo ella impasible – Le prometiste a Sack que pasase lo que pasase lucharías y no te rendirías ¿no? – Serena asintió algo acongojada por el nombre recién pronunciado, el de su querido Sack – Pues demuéstrale que puedes con ese listillo de pelo panocha y si te trae loca tienes mi permiso para... ya sabes – y le guió un ojo.

Serena sonrió complacida y con suficientes fuerzas para volver a dar un paso hacia delante.

Al otro lado de la puerta Rubén se reía de su amigo mientras daban un paseo por los largos pasillos.

-Me pareces que te acabas de encontrar con el primer obstáculo de tu vida amigo – le dijo.

-Te equivocas Ben, esto solo acaba de comenzar. Esa gatita caerá a mis pies antes de que hayas contado diez.

Rubén palmeo la espalda de su amigo dándole ánimos, pues los iba a necesitar. Era suficiente un obstáculo con una mujer en la vida de un ligon empedernido para que este cayera en las garras de ese sentimiento llamado, amor.
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Re: Untitled

Notapor marina012 el 10 Feb 2010 02:18

:xd:
Isaías Jajaja xD.. que risaa.. creo que va a hacer rabiar a más de unaa... jajajaa xD
Muy bn capii...
Pobre Arii.. no se permitee ser feliz D=
Pero seguro eso va a cambiar no?... :P
Bnoo esperooo... xD
Espero el proxx capiii! =D
:bye: Besos!
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Re: Untitled

Notapor yuukie el 10 Feb 2010 13:22

gnial! :blush2:
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Re: Untitled

Notapor Roxas el 12 Feb 2010 15:16

Genial capitulo, muy divertido, ese mujeriego vá a terminar completamente enamorado de Serena xD
Cómo Ari creerá en el amor? mmm estaré anciosa por verlo. ^^

Besooos!! ^^

ah, por cierto eh actualizado mi fic, no pude dedicarle el tiempo y la atención que merecia pero de a poquito lo voy siguiendo. ^^ Pasate cuando tengas un tiempito. ^^

Tk!! ^^
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Re: Untitled

Notapor Abby19 el 12 Feb 2010 18:57

Capitulo 5

Aquella noche cenaron todos juntos en el gran comedor. La gente estaba muy animada y enseguida ambos aquelarres empezaron a hablar entre ellos. Todos salvo una persona. Ariadna se mantenía callada, como siempre, observando todo lo que ocurría a su alrededor sin perderse detalle. Tenía vigilado al de pelo panocha pero se dio cuenta que era alguien inofensivo. No creía que fuera a pasar nada malo si intentaba ligar con unas cuantas chicas. Además, estaban encantadas con sus atenciones ya que estaban cansadas ver a siempre a la misma gente día tras día.

-Come algo Ariadna, te esta enfriando la comida en el plato – le aconsejo Carl - ¿Qué te mantiene tan alerta?

Ariadna levanto una ceja irónica. Carl sonrió.

-No te preocupes, parecen buena gente. No va a pasar nada malo. Además ahora somos más para terminar con aquellas bestias y averiguar de donde proceden – le dijo el hombre – Tu padre estaría orgulloso de ti, Ariadna.

Ella hizo una mueca de fastidio. Sabía que su padre estaría orgulloso de ella. Estaba llevando acabo lo que ella fastidio tantos años atrás, una unión con uno de los aquelarres más fuertes en batallas de los conocidos por ahora. Y también uno de los interesados, igual que su aquelarre, de descubrir de donde salían aquellas criaturas. Pues bien sabían todos que si querían terminar con ellos de una puñetera vez era exterminándolos de raíz. Dejo el plato a medio comer y salió de la sala sin decir palabra. La gente del aquelarre de la mansión no lo noto extraño, era una actitud muy normal en ella. Pero los demás se quedaron un poco sorprendidos.

Al igual que Rubén. Esperaba poder intercambiar unas cuantas palabras con ella antes de que finalizara el día, aunque fueran pullas del uno para el otro. Sonrió al recordar como se había puesto rabiosa al llamarla egoísta y fría. Pues bien lo era, pero otra cosa es que ella quisiera que la llamaran así.

Continuo cambiando comentarios con la demás gente. Conociendo y dejándose conocer. La verdad es que esa gente le cayo bastante bien. Eran gente normal y corriente, como ellos, intentando sobrevivir en el mundo que les había tocado. Observo a Isaías que miraba de reojo a la muchacha loca de la habitación. Tenía que reconocer que su amigo tenía buen gusto. La muchacha era morena y tenía el pelo largo hasta los hombros, vestía ajustada pero cómoda, dejando notar sus curvas además de unos pechos bastante pronunciados. Sus labios color cereza parecía suaves y eran bastante insinuantes. Tenía los ojos oscuros, al igual que su cabello, y la pie era como el marfil. Aunque acordándose de sus griteríos, no dejaba de sorprenderse que pareciendo una muñeca que podía romperse pudiese gritar como mil demonios juntos.

También se fijo en su otro amigo, Nestor. Era completamente diferente a Isaías. Era callada y reservado, no se dejaba llevar por sus emociones pero cuando las hacía notar te dejabas llevar. No era un hombre que no hablara sin razón. Si hablaba lo hacía con motivo. Podía parecer algo frío pero en realidad tenía un gran corazón. Ayudaba a todos sin pedir nada a cambio y siempre estaba allí cuando se necesita, aunque este en silencio, aunque no dijera nada. Y aun con su silencio se apreciaba su presencia, pues la gente sabía que no estaba sola. Además él por abultar no abultaba mucho. Era de constitución pequeña comparado con los demás hombres pero era una maquina con la espada. Ben pensó que le gustaría ver una lucha entre Ariadna y Nestor. Seguro que la pequeña jefecilla no tenía nada que hacer. Nestor era bajito y llevaba el pelo largo y negro como el azabache. Solo destacaba por sus ojos azules que eran tan claros como oscuro su cabello.

La sala se fue vaciando y cada uno se fue yendo a sus respectivas habitaciones. Mañana sería un día largo. Pues según creía recordar, le esperaba una reunión con la pequeña jefecilla y sus consejeros. ¡Consejeros! Pero si eso era de la época medieval. En su aquelarre no necesitaban de eso. Todo se hablaba entre todos y solo se actuaba o se decidía bajo una mayoría absoluta. Así, hasta los más pequeños, podían opinar.

Cansado ya de tan largo día Rubén se fue a dormir a sus aposentos. Al menos tenía el privilegio de un cuarto para él solo. Entro en su cuarto y dejo su arco y sus flechas encima de una mesa. Se asomó al pequeño balcón siempre alerta. La noche era fresca y las estrellas se dejaban ver esplendorosas. Su habitación daba al mismísimo bosque y al estar en la segunda planta el paisaje era precioso. Acomodo su brazos sobre la barandilla y se relajo por un instante.

Ariadna también estaba en su habitación. Estaba repasando mentalmente todo lo que tenía que hacer al día siguiente. Para empezar, a primera hora de la mañana, tenía una reunión con el consejo y con demás gente del aquelarre de la costa. No le apetecía tener que lidiar contra aquel creído pero no tenía otro remedio. Por supuesto, tenía bien claro, que no se iba a dejar avasallar por él. Este era su territorio, su zona y las personas que habitaban era su gente. Iba dar todos por ellos.

Por la tarde saldría de caza junto a su hermana, los hermanos Dark, Serena y algún integrante del aquelarre de la costa. Era una buena oportunidad de ver de que madera estaban hechos y ver si eran compatibles a lo referente a la batalla.

Desenvainó su espada y se acerco a su balcón, sentándose en un pequeño sofá que había puesto allí. Cada noche se relajaba un poco allí sentada. Mirando a la oscura noche, sin dejar de estar alerta. Las estrellas se reflejaban en su espada. Aquella noche estaban más que preciosas.

Cayo en desgracia cuando se dio cuenta que algo más se reflejaba en su espada. ¿Por qué tenía que ser él el que estuviera en la habitación de arriba? Es más, ¿por qué tenía que estar al igual que ella asomado en su balcón? Rubén se dio cuenta de su vecina y sonrió.

-Hola pequeña, bonita noche –dijo.

-Lo era, hasta que te vi – dijo fastidiada.

-Venga, no te comportes así conmigo. Nos tenemos que llevar bien.

Él se dio cuenta que los ojos de la pequeña jefecilla brillaban más en la oscuridad.
Ella, aun fastidiada por tener que reconocerlo mentalmente, se dio cuenta que era bastante atractivo. Lastima que fuera así de carácter.

-¿Y por qué me tendría que llevar bien con alguien como tu?

-¿Y por qué no? – dijo Rubén – Ambos somos los jefes, si para empezar no nos llevamos bien nosotros, ¿qué ejemplo les estaríamos dando a nuestra gente?

-Que te quede claro una cosita – empezó a decir Ariadna levantando un poco su espada amenazadora – Solo hablare contigo por lo estrictamente profesional y nada más. Si te metes en mi camino lo lamentaras.

-Eso son dos cosas –apuntó él divertido viendo como la rabiaba.

-Pues metete esas dos cosas por donde te quepan y si te duele mucho más que mejor – y acto seguido se metió dentro de su cuarto cerrando la ventana con brusquedad.

Rubén se quedo un rato más. Impaciente porque llegara pronto el nuevo día para volver a fastidiar a la jefecilla.

En el lado opuesto de la mansión otras dos personas intentaban convivir. Serena no paraba de quejarse de tener que soportar a Isaías en su misma habitación, porque una cosa estaba clara, esa habitación era Suya.

-Vamos nena, deja de poner esa cara de pocos amigos. No te sienta bien con lo bella que eres – le dijo Isaías.

-Estas haciendo que me arrepienta de haber aceptado compartir cuarto contigo, así que mejor que te quedes calladito y no me molestes ¡Y no me llames nena! – dijo y se dio media vuelta en su cama mientras se tapaba hasta la barbilla con las sabanas.

-Va mujer, no te pongas así. De verdad que no soy como te imaginas – anda que no, pensó para sus adentros – Nena, ¿por qué no intentamos llevarnos bien?

-Por qué no me interesa llevarme bien contigo – le contesto ella – Ahora cállate, quiero dormir.

Isaías se recostó en su cama con los brazos cruzados tras su espalda mirando al techo. Desde luego que no iba callarse. Él todavía no tenía sueño.

-¿Soñaras conmigo? – le preguntó el divertido.

Escuchó como Serena soltaba un suspiró por intentar mantener la calma. Ella quería demostrar a su jefa que sabía cumplir su palabra. Y lo haría, aunque tuviese que volverse loca de remate por tener tanta paciencia con un engendro como él.

-Si soñara contigo no sería más que una pesadilla.

Aunque, para sus adentros, tuvo que reconocer que el pelirrojo no estaba del todo mal. Se le veía fuerte y los músculos se le marcaban en su camisa ajustada. Tenía una sonrisa torcida que hacía, que por un segundo, algo se disparase dentro de ella. Pero no le gustaba como la miraba. Parecía que la estuviera desvistiendo y eso le hacía sentir realmente incomoda. Sobretodo por el hecho que ella aun sentía que era de Sack. Aunque él ya no estuviese aquí, ella lo amaba.

-Pues que sepas que yo si soñare contigo – dijo Isaías mientras cerraba los ojos – Y te aseguro que en mi sueños te haré pasar de todo menos frío nena.

-Por eso se le llama soñar, imbecil. Por qué al fin y al cabo la realidad es totalmente opuesta.

-Nena, eso esta por verse.

-Tu sigue soñando y déjame tranquila. Cuando te caigas de la cama y te despiertes me reiré de lo estúpido que eres.

-En el fondo sabes que te gusta que vaya a soñar contigo, nena – dijo él aguantando una carcajada.

-Te equivocas. Y como vuelvas a llamarme nena una sola vez más te aseguro que convertiré tu realidad en la peor de las pesadillas. Ninguna bestia de las de allí fuera sería tan cruel como lo voy a ser yo contigo – dijo ella con rabia.

-Mmmm... – Isaías se lo estaba pasando en grande – Así que además de hermosa eres traviesa. Te aseguro, Nena, que cuando te des cuenta de que estas loca por mi, te demostrare cuan traviesos podemos ser los dos.

-Arrrggg... Me sacas de quicio – y acto seguido se tapo la cabeza con la almohada escuchando el sonido de la carcajada del pelo panocha de fondo, luego sonrío. Quería volverla loca, ¿no? pensó. Pues ya veremos quién vuelve loco a quien.


En otra parte de la mansión Evelyn paseaba por uno de los pasillos. No podía dormir. Después de la cena había discutido con John. No entendía porque ella tenía que atender a toda la gente del aquelarre de la costa si la jefa era su hermana. Eve le había explicado que su hermana ya tenía suficientes cargas sobre su espalda y que ella quería ayudarla. Pero la discusión se descontroló y terminó por decirle que ya no quería casarse con él. Que si no quería entenderla era problema suyo, ella no iba a cambiar su carácter para que él estuviese tranquilo. No pensaba ser una imbecil que hace todo lo que su hombre le diga. Su padre no las había criado así. Y aunque le doliese no le iba a dar el gusto a John. Lo quería pero ella tenía un limite.

Tampoco era la primera vez que discutían por algo así. Y aunque se alegro mucho de que John la pidiera en matrimonio no dudo ni por un segundo que lo hacía más que nada pero el mero hecho de tenerla controlada. ¡Joder! Ella no era su caballo. No la podía dirigir con unos arneses, ni pararla los pies porque él no quisiese que ella avanzada.

-¡Pues que se joda! – dijo en voz alta sin darse cuenta que había alguien más en la sala de la entrada, a la cual recién había llegado.

Nestor no esperaba que alguien estuviese despierto a esas horas. Desde siempre le había gustado dar un paseo por donde fuera antes de acostarse. Y en aquel lugar no iba a ser diferente. Se fijo en la muchacha rubia. Se la notaba enfadada, muy enfadada. Desentonaba con su belleza. Parecía frágil y pura..., pensó.

-Joder, no sabía que había alguien aquí – dijo Eve cuando se dio cuenta de que había alguien más – Soy Evelyn, la hermana de Ariadna.

-Nestor – le contestó él.

Él estaba sentado en las escaleras que daban al piso superior así que sin pensárselo dos veces Eve se sentó a su lado.

-Espero que estés a gusto aquí, si necesitas algo solo tienes que decírmelo – le dijo ella amablemente, luego bajo el tono de voz – Aunque te advierto que la puñetera gente de aquí es un poco aburrida.

Nestor hizo una mueca parecida a una sonrisa. Ella se sintió algo ofendida. Estaba intentando ser amable y él ni era capaz de sonreírle amablemente.

-A estas horas se esta muy bien por aquí. Parece que no haya nadie más que nosotros – dijo ella mientras se apoyaba sobre sus codos en al escalera anterior a la que estaba sentada.

-Me gusta que sea así – dijo él con voz suave.

Eve se lo quedando mirando unos segundos. Era apuesto, jodidamente apuesto. Y esa mirada sería que tenía... Seguro que había mojado más de una braga, pensó. El pelo largo le sentaba realmente bien, pensó que le daba un aire misterioso. Y ella, curiosa como era, quería saber. Dentro de si pensó que él escondía algo. No parecía mala persona, pues le estuvo observando cuando repartía habitaciones y él estaba todo el rato ayudando a la demás gente.

Mientras Evelyn estaba metida en sus pensamientos de repente el muchacho se levanto. La miro un segundo y se fue de allí sin mediar palabra. Dejando a Eve totalmente descolocada y muy curiosa.

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